Tener un destino para mi es peligroso, cuando tengo un destino pre-escrito jamás llego, supongo que las calles deciden donde quieren llevarme, oh eso es, no soy yo. Entre más solitarias sean los parederos y las veredas más conveniente se hace para mi, la gente y el ruido estrepitoso de la ciudad terminan por colapsar la sabiduría que me propongo tener y luego siento esa sensación confusa de explotar por dentro, igual que una bomba, pero peor, porque no consigo el relajo ni la calma, más bien tensión porque a pesar de que intento optar por el desahogo pasivo, me guardo mis comentarios, opiniones y sugerencias.