Y eso era, le dije, te dije.
Nadie quiso escucharme, siempre el oído sordo es la mejor solución, para después tratar de vencer a la razón y decir que no lo escuchaste, que no lo dijiste, que nunca lo pensaste que se te ocurrió ahora a sobras de tiempo, y que es tu culpa ¡sí, tu culpa! siempre tienen el descaro de quitarse la responsabilidad y colgarle la culpabilidad al ingenuo que la acepte, pero yo no soy
ingenua ni me dejo llevar por lo que creer, yo sé que fuiste y tú y nadie más que tú, porque aunque no quieras aceptarlo ni reconocerlo puedo repetirte tres palabras:
¡TE-LO-DIJE!
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| Recibe la culpa como una amiga, perdónate a ti mismo y no huyas. |
