No podemos seguir así, pensando que nada pasa, que nada cautiva nuestro absurdo corazón. Quizás podemos escondernos y esconder los rostros desolados y anularlo como medio para expresar la ira, no podemos sostenernos, no podemos estar en pie. No con lo que pasa a nuestro al rededor, viendo y viviendo el sufrimiento de todos y todo. Nos acompaña. Será así nuestro único enemigo y cuando notemos que el rival es el único que nos presta atención, único que nos puede hacer sentir, pensar, ver... No seremos los mismos.
