Las filas ya eran costumbre, todo se hacia rutina otra vez. Avanzábamos y llegábamos a lugares casi sin sentido,
por inercia, por costumbre. Poseíamos ojos, pero no veíamos, teníamos oídos pero no escuchábamos,
teníamos gusto pero no saboreábamos, no había necesidad si después de todo ya lo habíamos hecho,
lo único que hacíamos era hablar, de repente no siempre, pero alguien decía algo y las miradas estomáticamente
subían, unas sonreían sin ganas, por simple cortesía y otras ni siquiera eso alcanzaban.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Anacronismo
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.