El ver como todo se lo llevó el tiempo lo cegaba cada minuto más y le impedía procesar alegrías. Su cuerpo era el blanco perfecto para los ataques de ira y
descontrol que a pocas gotas de sangre demostraba más y más. Ya no bastaba el hecho de
arrostrar mientras se preservase en las manos de un súbito aborrecimiento efímero.
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Anacronismo
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