Eran como las doce, la noche estaba más oscura que de costumbre y esa luna, mi luna no brillaba con la suficiente fuerza para alcanzarte. No quería nada de aquel tenebroso lugar, pero caminaba sin rumbo como buscando algo. De pronto pase por una casa, me era familiar, pero no sabia bien. Todo estaba tan confuso en mi mente y solo observaba a mi alrededor, sin encontrar alguna respuesta, de pronto llegue a una plaza, me senté en un banco y me miré las estrellas que a penas se distinguían entre las espesas grisáceas nubes que irrumpían mi tranquilidad, así fue como sin quererlo vi una sombra acercarse a paso lento y distinguido. Eras tu, lo que siempre espere. Te acercaste más aun y me tomaste la mano, te sentaste junto a mi, me abrazaste y tu dulce boca se poso sobre la mía, mientras nos manteníamos en aquel especial beso, tu mano acaricio mi cara se poso en mi cabello y bajo hasta mi cintura, paramos, me miraste a los ojos y cuando tus labios se abrieron para recién ahí decir una palabras que comenzaba con un te amo, desperté.
Robotmiel!
Robotmiel!
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Anacronismo
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.