n.n

Fue Casualidad, Maybe.

lunes, 8 de octubre de 2012

Algo más!

Nunca lo había pensado así, ahora comprendo porque me agrada tanto, porque me hace sentir tan bien, porque cuando estoy ahí puedo ser solo yo sin opiniones exageradas que sobre caen en mi cabeza.

El metro es como la vida, un vagón lleno de cosas, recuerdos, personas, emociones y complicaciones. Vas de estación en estación abriendo tus puertas para dejar que gente entre y asimismo dejar que otras salgan, las que se dejan atrás, pero no se olvidan, porque su huella ya marcó como si hubiese caminado bajo la lluvia con zapatos de barro. Los que entran no siempre lo hacen para quedarse, algunas veces con suerte pueden mantenerse hasta la otra estación y se van, no les agradas o no te agradan, pero de que estuvieron en ti, así fue; también hay otras que se suben para siempre, que deciden hacer el viaje contigo, apoyarte y solo bajarán con su muerte, o tú los olvidarás con la tuya. En semejanza con la existencia vas hacia adelante, solo te detienes en los momentos precisos, en las estaciones  y luego retomas el andar, de la misma forma las distancias entre una parada y otra no están definidas completamente, son abstractas, borrosas, diferentes. A lo largo de la vida, debemos ir destruyendo hermosas cosas, para construir las vías que seguiremos, debemos dejar sueños, alejarnos de seres queridos, traicionar y traicionarse, mentir; pero ese es el precio que inevitablemente debemos enfrentar para continuar por el andén. La única diferencia a mi juicio es que aquí tu decides cuando quieres que la próxima parada sea arriba, en el amanecer, a plena luz del día  o quizás para quedar perplejo e hipnotizado por las luces en la noche que brillan como las olas del mar, y claro también puedes optar por bajar a la oscuridad del subterráneo que también tiene luces, pero que no brillan tanto para dejarte pensar. Cuando embarcas en esta aventura llamada vida, estabas quieto, en la primera estación y de apoco en poco comenzaste a andar, primero lento, luego rápido y otra vez lento, exploraste, conociste y aprendiste limites. Todo aquello es lo que te ayuda a detenerte, porque siempre habrá una última estación, siempre deberás parar al final de las vías, antes de nacer estabas detenido y detenido deberás estar cuando hayas agotado la esperanza de tu viaje.

Él vino para quedarse, Jair.